¿Era Real?

Solo podía orar, orar en su mente mientras trataba de leer la Biblia en la aplicación del móvil. Era la sensación mas insoportable del mundo.

Muy temprano despertaron dos de las tres hermanas en la casa. Una de ellas, Alejandra, la mayor, se arrastró hasta la mesa con la mente todavía soñando. «Como odio esta tarea, solo me quita tiempo de sueño», pensaba. Eran las 6 de la mañana, faltaba casi una hora para que las dos pequeñas comenzaran a dirigirse hacia la escuela.

La segunda hermana, María, la de en medio, se levantó, desorientada, sin cobrar horas de sueño preciadas, y se dirigió lentamente hacía el espejo que está en la sala.  Pasó un largo rato contemplando su desaliñada apariencia, y tratando de recobrar la lucidez para poder terminar las tareas de la mañana antes de irse.

La tercera, Linda, la pequeña, yacía en el cuarto profundamente dormida y relajada, se podía notar que la vida no le preocupaba, que soñaba con algo tan armonioso y pacífico, que su rostro dormido lo reflejaba claramente.

Es aquí cuando comenzó todo. Ese día por la mañana.

María seguía en la intensa lucha entre el duro cepillo y su implacable cabello. De pronto, vio con el rabillo del ojo, algo fuera de lo normal en la habitación donde duermen las tres hermanas. Volteó con algo de temor a enfrentarse con algo inexplicable, y ahí estaba, justo sobre Linda, una figura inconfundible sobre su hermana, la figura de una mujer vestida de blanco, se posaba sobre los brazos y piernas de la pequeña Linda, de una forma que no le permitía moverse en lo absoluto. Emanaba un aura maligna. Sintió como el frío recorría su espalda. La sangre se le fue hasta los pies. Se le erizó la piel. Su corazón latía a gran velocidad.

Todo ocurrió en una fracción de segundo. Fue algo fugaz. Volteó con Alejandra y le dijo con voz temblorosa: «¿Qué era eso?».

—¿Qué era que? —. respondió Alejandra completamente extrañada por la expresión de María.

—Eso que estaba arriba de Linda.

María le dijo lo que vió. Alejandra fue a revisar el cuarto pero no encontró nada fuera de lo normal. Regresó a la mesa donde se encontraba una pálida y asustadiza María.

—Ahí no hay nada, debe estar volviendote loca.

—Te digo lo que vi, si no quieres creerme allá tu.

No estuvieron de acuerdo sobre la visión de María, pero ambas acordaron no mencionar nada a la pequeña Linda, que era la mas asustadiza de las tres. Siguieron su día. Linda y María fueron a la escuela secundaria, Alejandra a la universidad y la familia completa se reunió por la noche. Platicaron de su día, cenaron, charlaron, se dieron las buenas noches y todos fueron a sus camas. Toda la casa estaba en silencio. Dormían tranquilamente como duerme un bebé, sin preocuparse de la vida, sin las cargas del estrés. Durmieron.

De pronto, algo estiró el pie de la pequeña Linda. Sintió claramente como una mano larga y dura la tomaba por el tobillo y la estiraba fuertemente. Despertó con un profundo terror. No había nada. Trató de mover sus brazos y no se movían. Trató de mover sus piernas y estaban paralizadas. Sin embargo podía mover sus manos. El miedo la invadía de pies a cabeza. Sintio como si alguien golpeara fuertemente su estomago y quiso gritar, pero de su boca no salió ruido alguno. Quiso llamar a sus hermanas «MARÍA, ALEJANDRA, DESPIERTEN» pero no pudo pronunciar sonido alguno. Comenzó a orar, fuertemente, pidiendole a Dios que la salvara de ese traumático suceso. Alcanzó su celular que estaba justo delante de su mano y descargó la aplicación de la Biblia. Comenzó a leerla al azar pero no ponía atención, aún no podía hablar. Pasaron horas así, la última vez que vio el reloj eran las 4:00 am, no supo más.

Despertó el día siguiente con la luz del sol y el ajetreo matutino dentro de la casa. Los recuerdos de la noche anterior inundaron su mente y pensó: «¡Un sueño!, ¡fue solo un sueño!». Sintió un gran alivio hasta que tomó su celular y vio que estaba abierta la app de la Biblia. Soltó un fuerte grito que asustó a todos en la casa. Sin duda, había sido la peor noche de su vida.

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